• Francisca Sánchez

Yo no trabajo más duro, trabajo más inteligentemente


Existe una anécdota atribuida a la época de la Grecia clásica que escenifica un diálogo entre dos vecinos, uno que estaba golpeando unas rocas en el jardín para reducirlas a menor tamaño y otro que le pregunta mientras pasa: “¿Así que trabajando, verdad?”. A lo que el otro respondió: “¡No, estoy descansando!”. Al día siguiente, en su habitual caminata, lo vio en vez de haciendo esfuerzo por partir piedras, sentado sin hacer nada. Entonces le preguntó: “¿Descansando, verdad?”. A lo que respondió: “¡No, trabajando!”. Esto viene a significar el sentido diverso que le podemos dar al trabajo y qué parte de felicidad puede quitarnos o también darnos. La cuestión es cómo sepamos manejar nuestra actitud y emociones en relación al trabajo que, en definitiva, es la “persona” con la que compartimos más horas de nuestra vida.

El trabajo: ¿cielo o infierno?

Por qué será que en materia de trabajo una gran mayoría de la población mundial se sitúa en los extremos: están los que odian el trabajo y, por supuesto, los que no. Pero lo que sí es cierto es que cuanto más se ha avanzado en el estudio científico de las consecuencias psicológicas de los grandes esfuerzos que llevan a la fatiga física y psíquica, ahora hay amplias mayorías de ciudadanos que se ubican en un término medio: ni cielo ni infierno. Aprender a convivir con él debidamente les permite incrementar su nivel de satisfacción y también de felicidad. Por supuesto, también incrementarán su productividad personal.

Puede usted trabajar muy duro, es más, puede que sea capaz de esforzarse aún casi al límite de sus fuerzas físicas y psíquicas pero,¿sabe una cosa? No significa que esté trabajando de manera inteligente. Es probable que tenga las siguientes sensaciones:

  • A más cansancio, más sentido de frustración por tareas que aún tiene realizadas a medias.

  • Sabe en su interior que por más esfuerzo que haga, no está rindiendo como debiera.

A veces es difícil que las personas “desconecten” mentalmente al final de su jornada, o que se tomen realmente el tiempo libre que disponen del fin de semana, ya que la mayoría no deja de pensar en sus obligaciones del trabajo. Hay que evitar caer en un patrón de comportamiento que dice “siempre trabajando”, en vez de que se diga “trabajando inteligentemente”.

Hay una metáfora que utiliza el gran divulgador del Management Stephen Covey, que es la historia de un leñador cuya sierra va perdiendo el filo a medida que pasa el tiempo y sigue talando árboles. Si el leñador se detuviese a afilar su sierra y volviese a cortar el árbol con una hoja afilada, realmente ahorraría tiempo y esfuerzo en el largo plazo. La analogía es que podemos afilar la sierra de nuestras vidas, que significa preservar y engrandecer el más importante activo que tiene: USTED MISMO. Esto implica tener un balance equilibrado de las partes más importantes que conforman la personalidad a lo largo de la vida de cualquier persona: física, mental y espiritual más las relaciones sociales y emocionales.

Las investigaciones muestran que los breves descansos conducen a la mejoría en la función cognitiva, el pensamiento creativo y el rendimiento de la memoria. La cuestión es: ¿sabe darse los descansos adecuados? ¿O es de los que piensa que hacer un recreo, distraer la atención para romper con el automatismo, etc., son síntomas claros de irresponsabilidad? Si piensa esto último, le advertimos que revise sus valores porque está totalmente equivocada/o.

La felicidad empieza por lo pequeño

Es conocida aquella frase de que la felicidad provine de las pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña fortuna, una pequeña mansión…(!), pero los aspectos irónicos de la vida envuelven grandes verdades. La felicidad, en realidad, debe buscarse en pequeños tramos, como cuando uno compra dos tetra-bricks de leche en vez de un pack de 12. Sigue siendo leche. En materia de felicidad, los cambios pequeños son los que habitualmente nos dan los mejores dividendos (no en materia monetaria solamente, sino en aspectos afectivos que redundarán en nuestro mejor estado de ánimo).

El peligro de los hábitos mal adquiridos

Cuidado si ha entrado en la zona peligrosa de los hábitos, aquellas acciones e, incluso, pensamientos que cometemos y a los que ya no prestamos atención. Justamente por eso, porque se han convertido en “tierra conocida” o en cosas que hacemos como si tuviésemos un “piloto automático”. Todos tenemos limitaciones, nos enfrentamos a desafíos y cometemos errores. No se sienta acorralado por ellos; aprenda de ellos porque, aunque parezca redundante, aprender de todas estas cuestiones es la auténtica lección de vida.

Cuando algo ha salido mal, conviértalo en una oportunidad para aprender algo que no sabía (no solamente la cuestión técnica sobre la que trabajaba o la responsabilidad que había asumido) pero, más importante, para llegar a conocerse más usted mismo, ya que no sabía cómo podrían ser sus reacciones ante situaciones como aquellas a las que ha tenido que enfrentarse.

En cambio, si esas acciones o fallos no fueron cometidos por usted, será entonces su generosidad con la persona que se encuentra en esa situación, conviértala también en una oportunidad para tomarse las cosas con ironía, perdonar y que realmente sea una nueva oportunidad. Ed Lond, fundador de Polaroid, dice que “un error es un acontecimiento cuyos beneficios todavía no se han convertido en una ventaja”.

El pasado es como un GPS que le informa el lugar exacto en el que se encuentra, pero no debe por ello creer que los caminos que toma (situaciones y problemas que va asumiendo) están previamente definidos por ese pasado. En este punto, es donde debe esforzarse para que no le coarte o limite su felicidad.

Si pretende conseguir el éxito debe pensar en que éste es la suma de muchos pequeños éxitos. Visto así, el camino por recorrer se hace más natural, más llevadero, especialmente en lo laboral. Los jefes de equipo que no son capaces de transmitir esa idea a sus organizaciones no conseguirán sino frustración, pues sus servicios no surtirán el efecto deseado en los clientes, que no es otro que servirles de ayuda para mitigar o solventar sus problemas o dudas. En otras palabras: ponerse en su lugar.


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