• Francisca Sánchez

Sobre los límites de las artes: Arquitectura y escultura


La relación entre la arquitectura y escultura data de los comienzos de las construcciones humanas. Los primeros artesanos fueron los primeros arquitectos y escultores de la historia. Las habilidades lograban que estas personas pudiesen diseñar, construir e incluso realizar esculturas.

La tendencias y los estilos que comenzaban a imponerse en un arte a menudo eran tomados por el otro arte; por ejemplo el barroco no sólo se consolidó en arquitectura sino también en pintura y escultura.

Durante siglos hasta el renacimiento italiano, cuando empezaron a reconocerse a los grandes arquitectos por los obispados y los regentes, los “artesanos” hacían de todo.

La arquitectura y escultura tienen materiales que utilizan en común. Por ejemplo los materiales más utilizados en escultura son: mármol, bronce (es el metal más utilizado en escultura) madera, marfil y la arcilla. Son prácticamente los mismos materiales que se utilizan en arquitectura, a excepción del acero y el concreto, aunque algunas esculturas del arte contemporáneo utilizan también esos últimos materiales.

Existe también la escultura arquitectónica cuyos edificios emplazan esculturas que completan el diseño arquitectónico.

La relación de la escultura con la arquitectura es una relación rica y compleja. Por tradición, aunque a la escultura le correspondía por lo general el privilegio de erigir la estatua del dios, era la arquitectura la que, al tomar a su cargo la construcción del templo, proclamaba su superioridad y su primacía entre las artes. A la escultura le correspondía sin embargo el más sagrado de los dones, el privilegio de ser la única arte en la que lo divino mismo adquiría representación estético sensible. En cualquier caso la primacía de la arquitectura se impuso, no sólo por su concepto, sino también por su programa constructivo y decorativo, que puso a todas las artes a su servicio, entendidas como artes del disegno.

La arquitectura pareció así ocuparse de la construcción del espacio interior, mientras que la escultura parecía diseñar el espacio en su derredor, es decir, el espacio exterior.

De algún modo sin embargo escultura y arquitectura interferían en su mutuo concepto. La delimitación entre ambas se volvía algo borrosa. Durante todo el siglo XX la relación de la escultura con la arquitectura parece estar en cualquier caso lastrada por las viejas distinciones. Cuando la escultura representaba la arquitectura, con facilidad incurría en la realización de maquetas. Muy pocos fueron los artistas que se atrevieron a competir como escultores con la arquitectura, manteniéndose en cualquier caso en los límites de una habitación cerrada.

Además, la recreación escultórica de la arquitectura, como la intentada ocasionalmente por Giecometti parecía no ser capaz de generar sino maquetas o casitas, lo que entorpecía realmente la riqueza de aquellas relaciones. A partir de los años setenta sin embargo fueron muchos los artistas que empezaron a desplegar conscientemente su trabajo en un territorio deliberadamente confuso entre ambas disciplinas.

Los escultores Richard Serra, Oteiza o Chillida figuran entre los principales referentes e inspiradores de la arquitectura A-cero. Sus contundentes obras de marcadas curvas y líneas limpias dejan su huella en muchos de los proyectos de A-cero difuminando los límites entre arte y arquitectura.


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