El castillo de Blas, una historia de amor en nuestra calle

Actualizado: 27 nov 2020


Castell de Santa Eulàlia

El barrio de Santa Eulàlia, además de ser uno de los más antiguos de la ciudad, guarda en su interior toda una serie de pequeñas maravillas que, como pasa con casi todo en L'Hospitalet, si no prestamos atención pueden pasar totalmente inadvertidas. No obstante, no siempre es así, y en una calle -a priori- secundaria del barrio, podemos darnos de bruces con nada más y nada menos que con un... ¡castillo! Si, si, como lo lee... un castillo con sus arcos ojivales, sus almenas, sus sillares en piedra, sus escudos... aunque, eso sí, un pelín más joven de lo que nos tienen acostumbrados estos edificios...

Detalles medievales

En la calle Blas Fernández Lirola, a la altura del nº 74, seguro que le llamará la atención una fachada en piedra amarillenta de Montjuïc que destaca de todo el resto de fachadas de la calle porque es la viva imagen de un castillo medieval. Pero... ¿un castillo en medio de la ciudad? No, no se asuste, no es ningún relicto de la Edad Media como el castillo de Bellvís de la Torrassa (para que luego digan que Hospitalet no tiene historia, ver El Tratado de Utrecht o cuando la Historia pasó por Hospitalet), ni nada parecido. Es simplemente un edificio de viviendas como tantos otros, sólo que detrás de ese edificio que parece haber sido construido con Exín Castillos, además de historia esconde una bonita historia de amor.

Se le dedicó una calle al propietario

Conocido es que después de la caída del Imperio Romano, los que vinieron después aprovecharon aquellos colosales edificios antiguos en ruinas como inmensas canteras con las cuales levantar las nuevas construcciones del momento. Pues una cosa similar hizo Blas Fernández Lirola, un librero con establecimientos en la Calle Aribau y en el conocido mercado de Sant Antoni de la Ciudad Condal, cuando a principios de los años 30 decidió empezar la construcción de lo que se conocería más adelante como "El Castell de la Pepa" o , sencillamente, "El Castell" (el castillo).

Interior del "Castillo"

Lirola, que estaba enamorado hasta las trancas de una chica (probablemente, la tal "Pepa") y tenía fama de excéntrico, estaba especializado en la venta de libros viejos y de época, la cual cosa le hizo pensar que... ¿qué mejor que regalarle un castillo a su princesa? y allí que se puso a construírselo. Así las cosas, el librero empezó poco a poco a levantar el edificio en la medida que daba el presupuesto. Presupuesto que estiraba aprovechando materiales de construcción provenientes de antiguos edificios derruidos del Eixample barcelonés, con los cuales conseguía unos materiales de gran calidad provenientes de las canteras de Montjuïc -ya en buena parte cerradas en el momento en que Lirola inició su castillo. Esta forma de aprovechamiento también le permitió incorporar elementos estructurales y decorativos señoriales premodernistas provenientes de estos edificios, tales como la escalera, suelos e incluso alguna escultura, lo que proporcionaba a la vivienda un imponente aspecto medieval.