• Francisca Sánchez

La Bordeta



La Bordeta aprovecha el pasado para tener las mejores opciones de futuro


En el corazón del distrito de Sants-Montjuïc se abre paso un barrio con mucha historia, calles estrechas y mucha tranquilidad: es la Bordeta. El barrio hace gala de su pasado industrial, especialmente vinculado al desarrollo ferroviario, representado por la estación de tren de Magòria - La Campana, construida en 1912, y a la industria textil, con Can Batlló como máximo exponente. Este pasado permitió que la Bordeta se forjara una personalidad propia, íntimamente relacionada a la de los barrios vecinos: la Font de la Guatlla y la Marina de Port, en los extremos sur; Sants-Badal y Sants en la parte norte, y L’Hospitalet de Llobregat al oeste.

La cobertura de la ronda del Mig dio lugar a una auténtica rambla de Badal, ahora conectada a los jardines de la Rambla de Sants. A la derecha, la Escuela Cavall Bernat.

Históricamente la Bordeta ha estado separado de estas otras zonas de la ciudad por la ronda del Mig o la rambla de Badal, la avenida de la Gran Via, la plaza de Ildefons Cerdà o las vías del tren, pero las últimas intervenciones urbanísticas de la ciudad han permitido superar estas barreras urbanas y se ha creado un distrito con un tejido urbano, social y humano indivisible.


La autogestión como pilar fundamental La lucha vecinal ha tenido siempre mucho peso en la configuración de la fisonomía de la Bordeta. Uno de los ejemplos claros es Can Batlló, la antigua fábrica textil de Joan Batlló, recuperada por la ciudadanía desde el 2011 para convertirla en un espacio vecinal autogestionado. Nació a raíz de la reivindicación de la falta de equipamientos —en buena parte causada por la alta densidad del barrio— y se ha rehabilitado el espacio con el impulso de voluntarios y de Barcelona Activa. En la actualidad se dedica plenamente a la oferta de talleres, cursos y espacios que necesite el vecindario de forma asamblearia. “El componente humano de Can Batlló es muy heterogéneo, pero hay una conciencia social muy arraigada: si pasa algo en Barcelona, le damos apoyo”, explica Joan Costa, portavoz de Can Batlló, señalando que el equipamiento está arraigado al tejido social del resto de la ciudad.

El eje central de Can Batlló es llamado calle del 11 de junio de 2011, recordando la fecha en que el vecindario abrió el recinto para transformarlo en un espacio autogestionado.


En el antiguo recinto industrial de Can Batlló hay ahora pistas deportivas, huertos urbanos, espacio de perros y naves donde se llevan a cabo actividades culturales muy diversas. Es un lugar de encuentro en constante cambio y recuperación, donde está previsto reservar una parte del espacio para zona verde y para los equipamientos que todavía falten en la Bordeta, además de equipamientos de ciudad como la Escuela de Medios Audiovisuales o el Archivo Municipal. De la cuna de Can Batlló han surgido varios proyectos que impulsan el cooperativismo, un rasgo característico del distrito de Sants-Montjuïc: son La Fera, una cooperativa de consumo ecológico, La Borda y La Reborda, dos cooperativas de vivienda en cesión de uso, y la sede Coòpolis, el Ateneu Cooperatiu de Barcelona, dedicado a la creación de empresas en régimen cooperativista.

Aparte de las innovadoras plataformas autogestionadas, en el barrio se mantienen las tradiciones con más historia, como la fiesta mayor. Se organiza la primera quincena de setiembre y, como en otros barrios del distrito, en comisiones autónomas de calles y plazas: la de la calle de los Jocs Florals de Baix; la de la rambla de Badal y las calles de Parcerisa i Quetzal, i las de las plazas de Súria y del Fènix. En el caso de es


ta última, se trata de una pequeña plaza en el corazón del barrio cuya comisión se ocupa de vestirla de fiesta el primer fin de semana de setiembre. “Nos gusta mucho que una vez al año las calles de la Bordeta se llenen de fiesta y que la gente pueda disfrutarlo de forma gratuita”, explica Paqui Castiella, presidenta de la Comisión de Fiestas de la plaza del Fènix. Para terminar la fiesta mayor con un final inmejorable, los cuatro núcleos de fiesta se convierten en uno solo el último día de celebración, con el acto unitario de “La Bordeta en danza” en la plaza de Celestina Vigneaux, con una chocolatada, bailes de gigantes y un festival de bailes de todo el mundo.

Convivencia de las iniciativas locales con los equipamientos de ciudad

Actualmente en la Bordeta convive el bullicio de los vecinos y vecinas que conducen el barrio, en buena parte centrados en Can Batlló y en la parroquia de Sant Medir como principales polos sociales y culturales de la zona, con auténticos equipamientos de ciudad como la Ciudad de la Justicia, inaugurada en el 2009 en el límite del término municipal de L'Hospitalet o los que se están instalando en Can Batlló. Estos edificios y la buena conexión con transporte público y privado que ofrece la Bordeta hacen de este tranquilo barrio un nuevo punto de referencia en la ciudad.


Su historia

La Bordeta tiene unas 50 hectáreas, que se extienden de la Riera Blanca a la calle del Moianès, entre la Gran Vía y el eje de las calles Andalusia-Manzanares, Noguera Pallaresa, plaza de la Farga y Ferreria hasta Gayarre. Pero, en 1801, la Bordeta era un barrio formado tan solo por una única calle. Esta calle, que cuando nace en la plaza de Espanya lleva el nombre del barrio y después lo cambia dos veces por el de Gavà y Constitució, era la antigua Vía Augusta romana que unía Barcelona con Tarragona después de cruzar el Llobregat por Sant Boi. A lo largo de su trazado aparecieron núcleos habitados y hostales. Pero cuando, en el siglo XVII, se construyó el puente de Molins de Rei, la carretera de Sants ganó la partida a la de la Bordeta. Por este motivo, mientras Sants creció rápidamente, la Bordeta tuvo que esperar la construcción del canal de la Infanta Carlota (1818) para prosperar agrariamente, y la formación de Hostafrancs para empezar su transformación de barrio industrial.



El nombre de la Bordeta parece que proviene de las casas donde se guardaban las herramientas de trabajar los campos: las bordas. Otra versión dice que proviene de una chica de una masía a quien llamaban la Bordeta, porque era hija de padres desconocidos. En cualquier caso, a mediados del siglo XIX, los habitantes de masías como Can Sala, Can Valent Petit, Can Massagué, Can Poch, Can Paperina y Can Pessetes formaban un pueblo que en el resto de Barcelona mencionaban con expresiones despectivas: “Parece de la Bordeta”; “Tiene fincas en la Bordeta...”.


En 1857, cuando ya se había empezado a urbanizar, la Bordeta pasó a ser uno de los cuatro barrios del municipio independiente de Sants; cinco años antes hubo un movimiento segregacionista local que no prosperó. Desde entonces, el barrio creció sin cesar. Y no solo en cuanto a industrias y viviendas; también con respecto a la vida social. Hacia 1860, la máxima celebración era una fiesta de primavera, en abril, de origen claramente rural, en cuyo transcurso se colgaba de una anilla una cuerda con un gato y un pato atados que los jinetes debían matar de un garrotazo. Una década más tarde, en cambio, ya aparecieron manifestaciones culturales propias del mundo urbano. Hablamos de la Societat Coral La Floresta, que nació en 1878 en el café de Cal Manel, en la calle de los Jocs Florals. O del Casinet, fundado en 1889 y sede de la Liga Regionalista hasta que cerró, en 1928.


La gran fábrica textil de Can Batlló, inaugurada en 1880, marcó el desarrollo del barrio. Muchas familias trabajadoras dejaron el campo por la industria, en la que destacaron también el Molí de la Bordeta, la peletería Gatius, la Cooperativa Vidriera, la Compañía Fabril de Aceites Vegetales, los talleres de la Hispano-Suiza de Automóviles y la fábrica de motos OSSA, después Citroën. Con Sants y Hostafrancs, la Bordeta se convirtió en uno de los núcleos fabriles más importantes de Barcelona, a la que quedó anexionada en 1897. La inauguración, en 1912, de la estación de tren de Magòria incrementó la actividad del barrio. Y el 10 de junio de 1926, la apertura del tramo Catalunya-Bordeta del metro transversal trajo un nuevo transporte al barrio.


Después de la guerra, solo el Club Ciclista Catalunya y el Club de Futbol Bordeta mantenían su actividad en el barrio. Es cierto que estaba también la Fundación García Fossas, una entidad benéfica, legado de un conocido empresario aceitero de Sants, pero no generaba vida social. Eso sí, poseía una colección magnífica de pintura y escultura (Benlliure, Mir, Zurbarán, Romero de Torres, Rusiñol, Urgell y Casas, entre otros) que poca gente conocía y que ya no existe como tal. La creación de la parroquia de Sant Medir, en 1948, y el talante progresista de su rector, mosén Amadeu Oller, revitalizaron el barrio.

Durante los años sesenta, el desarrollismo de la Barcelona franquista transformó la Bordeta. Muchas de las casas bajas típicas se derribaron y dejaron paso a nuevos bloques de pisos, sobre todo a lo largo de la calle principal. Y al oeste de Can Batlló, en la calle de Badal, la apertura del primer cinturón o ronda del Mig partió la parte meridional del barrio. Esta vía rápida, ideada a principios de siglo por el urbanista Léon Jaussely, se concretó en un plan aprobado en 1968. En dos fechas signi


ficativas (18 de julio de 1971 y 19 de marzo de 1972), el alcalde Porcioles inauguró el nudo viario de la plaza de Ildefons Cerdà y el tramo de autopista urbana entre la Zona Franca y la calle de Balmes. Al conjunto de Sants la obra le costó la expropiación de 837 viviendas y 165 industrias y comercios.

El incipiente movimiento vecinal se opuso a ello. Y aunque, en abril de 1975, la Asociación de Vecinos Badal, Brasil, Bordeta ganó una demanda contra el cinturón ante el Tribunal Supremo, el daño ya estaba hecho. No obstante, en los últimos treinta años los vecinos de la Bordeta han ganado otras batallas que han humanizado el barrio. La primera de todas fue la plaza de la Farga, inaugurada en 1956, y las últimas, la plazoleta de la Pelleria, la cobertura parcial de la ronda del Mig y la construcción de un centro de asistencia primaria.

La reforma de la Gran Vía entre las plazas de España y de Ildefons Cerdà se empezó a plantear en 1994 a partir de la necesidad de construir un segundo túnel de los Ferrocarriles de la Generalitat. Hecha esta obra, necesaria para aumentar la frecuencia de paso de unos trenes con vocación de metro hacia el Baix Llobregat, se renovó, también, la superficie de la Gran Vía.  El resultado fue una vía más humana, un bulevar amplio que ya no separa tanto la Font de la Guatlla y la parte norte de la Zona Franca, de Hostafrancs y la Bordeta. Además, en 1997 se inauguró una nueva estación de los Ferrocarriles, Magòria-La Campana, que con la integración tarifaria correspondiente acercó el metro a esta parte de la ciudad.


La urbanización de la plaza de Ildefons Cerdà y sus entornos, el cubrimiento de las vías de tren y la nueva estación de metro de Mercat Nou, entre otros, han contribuido también a mejorar la calidad de vida

Pero, sin duda, la operación que cambiará totalmente la fisonomía de la Bordeta es la transformación de Can Batlló. Una amplia zona de 170.000 metros cuadrados se está reordenando para dejar paso a un auténtico pulmón verde con parques, equipamientos (que incluirán la conservación de la nave principal de la antigua fábrica textil), nuevas vías y viviendas. Pisos que, por una parte, salvarán, en la medida de lo que sea posible, la fachada ya construida de la carretera de la Bordeta y, por la otra, darán vida al triángulo Badal-Parcerisa y a la Gran Vía entre Mossèn Amadeu Oller y la plaza de Ildefons Cerdà.

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